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...a la web de la Hermandad de la Santísima Virgen de los Dolores de Archena, punto de encuentro de miembros de la Hermandad y del público en general... un lugar dedicado a Ella...

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miércoles, 17 de febrero de 2010

PEREGRINANDO EN CUARESMA CON LA VIRGEN

Ya estaba avisada: una espada de dolor te atraversará el alma al ser tu hijo signo de contradicción. Como "peregrina de la fe" tuvo que ir uniendo cabos, aparentemente sueltos, para ir comprendiendo su misión de Madre Corredentora. De ahí que el evangelista repita en varias ocasiones cuál era su actitud ante los acontecimientos que va presenciando de la vida de Jesús: meditaba todo esto en su interior, en su corazón. Iba, diríamos, presintiendo las cosas, dada su hondura espiritual.

Podríamos decir que la Cuaresma de la Virgen duró toda la vida de Jesús. Por eso, en el momento decisivo, allí estaba Ella junto a la cruz de Jesús, no solo como Madre suya, rota de dolor, sino en actitud oferente; no como espectadora sin más, sino involucrándose de lleno. Si no se hubiera preparado en esos años oscuros, no hubiera sido capaz de mantener su SI inicial al mensajero Gabriel, ni hubiera sido capaz de ofrecer al propio fruto de sus inmaculado vientre.

"Nuestra" Cuaresma, que se inicia hoy con el austero y significativo rito de la imposición de las cenizas, constituye un momento privilegiado para intensificar un compromiso de conversión a Cristo. El itinerario cuaresmal se convertirá, de este modo, en ocasión propicia para examinarse a sí mismos con sinceridad y verdad, para volver a poner en orden la propia vida, así como las relaciones con los demás y con Dios. «Convertíos y creed en el Evangelio» (Marcos 1, 15).

Hemos de intentar vivirla con los ojos de la Virgen, con su profundidad, sabiendo que si lo hacemos así, estaremos muy cerca de Ella y de su Hijo, viviendo rotundamente la Semana Santa y la Pascua, como un momento precioso de renovación, de conversión...

Ojalá que hagamos de esta Cuaresma una especie de viaje a nuestro corazón, para irnos encontrando con nosotros mismos y podamos ver qué es lo que, en ocasiones, nos aparta de Dios.


martes, 15 de septiembre de 2009

15 de Septiembre, festividad de la Virgen de los Dolores

El Concilio Vaticano II consideró, dentro de las diversas modificaciones al calendario litúrgico, suprimir las fiestas consideradas "duplicadas", esto es, que se celebren dos veces en un mismo año; por ello la fiesta primigenia de los Dolores de Nuestra Señora el viernes antes del Domingo de Ramos fue suprimida, siendo reemplazada por la moderna fiesta de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de Septiembre.

A pesar de ello, la Santa Sede contempla que, en los lugares donde se halle fervorosamente fecunda la devoción a los Dolores de María, este día puede celebrarse sin ningún inconveniente con todas las prerrogativas que le son propias.

Esta es la razón por la que en Archena sigue siendo tradición celebrar esta festividad el Viernes de Dolores (ocho días antes del Viernes Santo), y así lo hace esta Hermandad que, año tras año, ofrece un Triduo para conmemorar los sufrimientos de la Madre de Cristo durante la Semana Santa, los Siete Dolores que tradicionalmente se han considerado como los más profundos en la vida y en el corazón de María.
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Ayer se celebró la exaltación de la Cruz de Cristo, instrumento de nuestra salvación, que nos revela en toda su plenitud la misericordia de nuestro Dios. En efecto, la Cruz es donde se manifiesta de manera perfecta la compasión de Dios con nuestro mundo. Hoy, al celebrar la memoria de Nuestra Señora de los Dolores, contemplamos a María que comparte la compasión de su Hijo por los pecadores. Al pie de la Cruz se cumple la profecía de Simeón de que su corazón de madre sería traspasado (cf. Lc 2,35) por el suplicio infligido al Inocente, nacido de su carne. Igual que Jesús lloró (cf. Jn 11,35), también María ciertamente lloró ante el cuerpo lacerado de su Hijo. Sin embargo, su discreción nos impide medir el abismo de su dolor; la hondura de esta aflicción queda solamente sugerida por el símbolo tradicional de las siete espadas. Se puede decir, como de su Hijo Jesús, que este sufrimiento la ha guiado también a Ella a la perfección (cf. Hb 2,10), para hacerla capaz de asumir la nueva misión espiritual que su Hijo le encomienda poco antes de expirar (cf. Jn 19,30): convertirse en la Madre de Cristo en sus miembros. En esta hora, a través de la figura del discípulo a quien amaba, Jesús presenta a cada uno de sus discípulos a su Madre, diciéndole: “Ahí tienes a tu hijo” (Jn 19,26-27).

María está hoy en el gozo y la gloria de la Resurrección. Las lágrimas que derramó al pie de la Cruz se han transformado en una sonrisa que ya nada podrá extinguir, permaneciendo intacta, sin embargo, su compasión maternal por nosotros. Lo atestigua la intervención benéfica de la Virgen María en el curso de la historia y no cesa de suscitar una inquebrantable confianza en Ella; la oración Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María! expresa bien este sentimiento. María ama a cada uno de sus hijos, prestando una atención particular a quienes, como su Hijo en la hora de su Pasión, están sumidos en el dolor; los ama simplemente porque son sus hijos, según la voluntad de Cristo en la Cruz.

Pidámosle hoy a la Virgen por todos los que sufren para que sepan encontrar el amor de Dios en medio del dolor, y también démosle gracias por habernos acogido a todos como hijos suyos. ¡VIVA LA VIRGEN DE LOS DOLORES!

martes, 28 de julio de 2009

MADRE DE DIOS

La doctrina invariable de la Iglesia enseña que Jesucristo es, rigurosamente, Hijo de María. A la manera como cualquier madre suministra todo al fruto de sus entrañas, María suministró una naturaleza humana, con la cual se identificó el Verbo; y el fruto fue Jesucristo.
Moviéndonos dentro del alcance y significado del dogma elaborado por la reflexión de la Iglesia a partir de los datos bíblicos y definido por el Concilio de Efeso, María no es tan sólo Madre de Cristo en cuanto hombre, sino también Madre de Jesucristo en cuanto Este es la persona divina del Verbo. Ese es el significado del primer dogma mariano, proclamado con tanto júbilo en Efeso en el año 431. El Verbo es su Hijo y María es Su Madre, lo mismo que las otras madres lo son de la persona completa.
En hipótesis, el Verbo pudo haberse encarnado, por ejemplo, identificándose consustancialmente, en un momento determinado, con una persona adulta. Pero, de hecho, no aconteció así. Según la verdad revelada, Dios entró en la humanidad por el cauce normal de un proceso biológico, a partir de las primeras fases del embrión humano.
Por eso se habla de la maternidad divina. Por eso, también Isabel se pregunta estupefacta. ¿Qué es esto? ¿"La madre de mi Señor" aquí? San Pablo, hablando del Eterno Jesucristo, dice que fue "fabricado" en el seno de una mujer (Gál 4,4), y utiliza una vigorosa expresión_ Nacido "según la carne" (Rom 1,2). Y el ángel de la anunciación, al hablar a María sobre la identidad de aquel que florecería en su seno, dice que se trata del "Hijo del Altísimo".